Historia de los Mercados

Se han preguntado ustedes como inicio la historia de los mercados en nuestro país?

Escribir sobre la historia de nuestra cultura nos deja la sensación de escribir una autobiografía. El repaso enciclopédico nos acerca a la crónica, el ensayo, la literatura e incluso la ficción. Adquirir una identidad sólo es posible si logramos entender nuestras raíces. El presente es una reflejo del pasado, una suerte de escenificación alterada de lo ya vivido, una constante escritura de lo ya vivido.

Vivimos la era de la tecnología y el mundo virtual, donde los mercados traen consigo la carga del prefijo “súper” y hace referencia a un sitio donde se pueden adquirir productos. Pero el concepto no sólo hace limita a una plaza, ya que en la economía se define como la transacción o intercambio de bienes o servicios. Ambas concepciones agrupan lo que en la antigüedad era una actividad económica.

En esta ocasión, en El Ombligo de la Luna te invitamos a recorrer nuestra historia entre el tropel de voces que han formado y definido los mercados de nuestro país.

LOS PRIMEROS INTERCAMBIOS COMERCIALES

Cuantiosos vestigios arqueológicos revelan que los olmecas no siempre estuvieron apartados en los litorales del Golfo sino que llegaron hasta el centro del actual territorio, lo que conocemos como el Valle de Anáhuac. La interacción entre los olmecas y los otros pueblos mesoamericanos constituye el primer indicio de intercambio comercial en la época prehispánica. Posteriormente, los teotihuacanos y los mayas –dos culturas ya establecidas en el territorio- llevaron a la práctica relaciones formales de negocios. El mercado ambulante, como se puede ver, era una actividad que redituaba entre los pueblos de nuestra geografía. Productos como minerales y cerámica eran los objetos con los que se realizaba el intercambio.

NACIMIENTO DEL MERCADO DE TLATELOLCO

Trece años después de la fundación de México-Tenochtitlan, los tlatelolcas, un sector de la población mexica original sumamente disgustado por los terrenos que le habían asignado para residir, determinó fundar su propia ciudad: México-Tlatelolco, en el año 1338.

Estos disidentes lograron que Tlatelolco se convirtiera en una dinámica ciudad comercial, y a su mercado, en el primer centro de intercambio del área, arribaban toda clase de productos y mercancías.

La zona de Tlatelolco, en su momento fue considerada el mayor centro comercial del México prehispánico. Un sitio establecido para la práctica de transacciones de productos.

FORMA DE OPERAR

-DEL MERCADO DE TLATELOLCO -
Par

a mantener el orden, los tres gobernantes del tianguis (del náhuatl tiyānquiztli, 'mercado') cuidaban que todos los puestos estuvieran perfectamente organizados conforme a los productos que se in¬ter¬cam¬bia¬ban.

En una sección estaban los vendedores de animales, quienes ofrecían xolo¬iz¬cuin-tles, o perros de los antiguos me¬xica¬nos, conejos, ma¬paches, ar¬ma¬di¬llos, tejones y tortugas, mientras otros vendían pájaros con plumajes de gran colorido; también podían adquirirse aves de rapiña, serpientes y carne de venado, siempre presente en los banquetes de la nobleza.

Por otra parte estaban los puestos de comida preparada. Ahí las cocineras preparaban las exquisitas tortillas que acompañaban los guisos de frijoles y chile; ofrecían ta¬ma¬les y atole, así como ricos tlacoyos rellenos de haba y frijol. Tanto vendedores como clientela acudían a estos puntos para satisfacer su hambre.

La variedad y abundancia de nuestra cocina viene de todos estos alimentos que conforman un mundo de olores y sabores como lo son jitomates, chía, el maíz en grano o en mazorca, los frijoles, las calabazas y, naturalmente, los chiles, que dejan en la boca un agradable sabor con tan sólo mencionarlos.

LAS HIERBAS

- Y EL CURANDERISMO -

Además de los frutos, también se ex¬pendían toda clase de hierbas y diversos polvos e inclusive rocas, que se utilizaban con fines medicinales. Esta era el apartado donde los curanderos mexicas practicaban sus artes terapéuticas. Además, con dichos materiales y sustancias se realizaban actividades de hechicería.

MERCANCÍA PARA LA CASE ALTA

En su parte central se encontraban los artículos que sólo los nobles o pipiltin podían adquirir, como los cactli o sandalias, que daban identidad jerárquica. El uso de los cactli era el primer indicio que diferenciaba a un pipiltin de un ma¬cehualtin (miembro de la clase social por encima de los esclavos, pero debajo de los pipiltin, lo que equivaldría a la actual clase media).

LOS POCHTECAS, COMERCIANTES PREHISPÁNICOS

Los pochtecas eran los artífices de la actividad cam¬bia¬ria y del éxito del comercio durante la época mexica. Eran especialistas en el comercio terrestre a lo largo de todo el imperio mexica e incluso más allá de sus fronteras. Otro sector del grupo de los pochtecas vendía e in¬ter¬cam¬biaba sus materiales y productos en el gran mercado de Tlatelolco, su ciudad capital. En aquel tiempo el intercambio se hacía por trueque directo.

LOS TAMEMES, CARGADORES PREHISPÁNICOS

A la gente dedicada al transporte de las mercancías se les conocía como tamemes o cargadores. Su pesada labor consistía en transportar sobre sus espaldas el cargamento, ayudados de cestas y costales.

EL TIANGUIS,

- LUGAR PARA LIGAR. -

El tianguis de Tlatelolco no sólo tenía la función de centro comercial sino que además era el principal eje de reunión del pueblo; allí acudía la gente a enterarse de las noticias más sobresalientes de los alrededores y a verse con los amigos; era asimismo el lugar a donde iban los padres de los jóvenes y los ca¬sa¬men¬teros a buscar, entre las jóvenes solteras, a la futura esposa de sus hijos.

El gran mercado o tianguis de Tla¬te¬lol¬co se ubicaba al suroeste del Tem¬plo Mayor de la ciudad; en efecto, esta importante institución de carácter económico operaba en un gran espacio al aire libre donde se reunían compradores y vendedores; había alrededor numerosas habitaciones que eran utilizadas como bodegas y depósitos.

Hoy en día, en pleno siglo XXI, casi todos los mercados tienen un altar con una imagen de la Virgen o de Cristo; esa religiosidad tiene viejas raíces que rebasan la tradición católica, pues también los prehispánicos ponían altares para honrar a sus dioses.

El gran mercado o tianguis de Tlatelolco se ubicaba al suroeste del Templo Mayor de la ciudad; en efecto, esta importante institución de carácter económico operaba en un gran espacio al aire libre donde se reunían compradores y vendedores; había alrededor numerosas habitaciones que eran utilizadas como bodegas y depósitos.

Hoy en día, en pleno siglo XXI, casi todos los mercados tienen un altar con una imagen de la Virgen o de Cristo; esa religiosidad tiene viejas raíces que rebasan la tradición católica, pues también los prehispánicos ponían altares para honrar a sus dioses.

MERCADOS

- EN LA COLONIA -

En las primeras décadas posteriores a la Conquista no hubo cambios drásticos en los mercados, de hecho los de Tlaltelolco y Tenochtitlan los siguió manejando un juez indígena hasta el establecimiento del mercado de San Hipólito, cuando pasaron a ser administrados por autoridades españolas.

Inmediato a San Hipólito se instalaba un mercado los miércoles y jueves, donde había mucho tráfico y comercio, no se sabe su ubicación exacta pero se cree que fue entre el convento de San Diego y el de San Hipólito. Para darse una idea esto es muy cercano al actual Hemiciclo a Juárez, en la Alameda Central de la Ciudad de México.

El Parián

En los primeros años de 1700 se inauguró el Parián, ubicado en la esquina suroeste de la plaza mayor. El Parián fue un mercado en el que se comerciaba a precios razonables, se podían adquirir todos los artículos para vestir, tanto de hombre como de mujer.

Alrededor había una acera, donde se sentaban numerosos concheros que vendían plantas medicinales y remedios, otros comerciaban con piedras de propiedades curativas y también había una buena cantidad de mujeres vendiendo zapatos hechos por ellas.

Se dice que desde aquella época las autoridades novohispanas intentaron terminar con estos comerciantes, que de alguna manera no estaban bien establecidos pero eran protegidos por los propietarios de los negocios del mercado.

Los escribanos de El Parián

Un dato curioso es que en algunos puntos de este mercado se encontraba una buena cantidad de “escritores de cartas”.

Estos personajes se sentaban con un gran tintero, una tabla sobre las piernas y una buena cantidad de papel de diversos colores. Delante de él, se posaba en un banquito una mujer, en la mayoría de los casos enamorada, y dictaba al hombre frases desahogo y desdicha o coloridos versos destinados a un amor recién hallado.

El historiador Brantz Mayer afirmó que este fue un negocio con el que se ganaba dinero como en ninguna otra parte. Se podía conseguir una “declaración de amor” por 25 centavos.

EL VOLADOR

Fue considerado el primer mercado digno de la ciudad. Inaugurado el 20 de enero de 1792, estaba situado en la plaza del mismo nombre, entre las calles de la Universidad, Porta Coello (hoy Venustiano Carranza), Flamencos (hoy Pino Suárez) y el costado sur del Palacio Virreinal (donde ahora está el edificio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación).

INDEPENDENCIA

Uno de nuestros héroes de la lucha de Independencia, tuvo una estrecha relación con mercaderes ya que durante una buena parte de su vida, antes de iniciar el sacerdocio, fue arriero y se dedico al transporte de mercancías. Morelos conocía bien los caminos y la sierra guerrerense asi que durante mucho tiempo logro obtener ingresos de esas negociaciones con comerciantes.

MÉXICO INDEPENDIENTE

José María Morelos y Pavón tuvo una estrecha relación con mercaderes ya que durante una buena parte de su vida, antes de iniciar el sacerdocio, fue arriero y se dedicó al transporte de mercancías. Morelos conocía bien los caminos y la sierra guerrerense, así que durante mucho tiempo logró obtener ingresos de esas negociaciones con comerciantes.

EL PORFIRIATO Y LA LAGUNILLA

El porfiriato trajo consigo mejores condiciones para el comercio; en esta época empezaron a surgir los estanquillos.

La proliferación de estos negocios facilitó el consumo de la gente, sobre todo cuando se requería de unos cuantos artículos. Dichos establecimientos no evitaron que la gente siguiera acudiendo a los mercados. Durante el porfiriato fue creado uno de los mercados de mayor tradición hasta nuestros días, el de La Lagunilla, inaugurado en 1893.

LA REVOLUCIÓN MEXICANA

La Revolución Mexicana acarreó una brusca disminución en la producción agropecuaria, tanto por la falta de mano de obra, como por el abandono de las haciendas por parte de sus propietarios. Lógicamente, esto afectó también al comercio, pues la dificultad en las comunicaciones impidió el flujo normal de las mercancías, ocasionando escasez de productos entre la gente, que ni siquiera en los mercados tenía la capacidad de satisfacer las necesidades.

ÉPOCA CONTEMPORÁNEA

México creció y sus necesidades también. Debido a esto, en la década de los cincuentas el gobierno empezó a construir numerosos mercados, con esta necesidad, Adolfo López Mateos construyó 88 mercados tan sólo en la Ciudad de México.

En 1969 se iniciaron Los mercados sobre ruedas como una solución para combatir el intermediarismo. No se puede decir que este intento haya sido del todo afortunado, pues con frecuencia no son productores agrícolas quienes venden allí sus mercancías.

En 1982, el mercado de La Merced (que empezó su gran auge como centro introductor y distribuidor mayorista desde la época colonial, pues allí estaban los embarcaderos a donde llegaban las mercancías por la vía fluvial) había crecido tanto que provocó serios problemas de salubridad, seguridad y congestionamiento de vehículos. A esto se debió que el mercado mayorista se trasladara a la nueva Central de Abasto de Iztapalapa. Siguen siendo notables algunos mercados capitalinos especializados, como por ejemplo el de San Juan; el mercado que continúa en La Merced para menudeo; el de Xochimilco y el de Jamaica que son famosos por la cantidad y variedad de sus productos; el de la nueva Viga que se especializa en pescados y mariscos; el Sonora, donde se consiguen animales vivos y toda clase de hierbas medicinales; el de La Lagunilla, con gran surtido de muebles y el de Tepito, con enorme variedad de antigüedades.

SABÍAS QUE?...

La tradición del “pilón”, ese extra que poco a poco dejan de dar los marchantes, inicio como un obsequio para los niños.

Cuenta la historia que los niños eran los encargados de hacer los mandados de sus madres. Llegaban a las tiendas a surtir las necesidades de la casa y los tenderos, en agradecimiento por sus compras y como un buen gesto hacia los menores, les obsequiaban un poco de esa mercancía que casi, sin excepción en todo negocio, tenían sobre el mostrador: ¡el piloncillo!

De ahí el nombre del “pilón”, concepto que con el paso del tiempo dejó de ser ese regalito de dulce para los niños, se fue transformando en un extra de las mercancías que la gente compra en el mercado.

Pata de Xoloescuintle

El mercado de Sonora, por muchos identificado como "el mercado de los brujos”, fue inaugurado el 23 de septiembre de 1957 por el presidente Adolfo Ruiz Cortines y Ernesto P. Uruchurtu, regente capitalino.

Inicialmente este mercado fue identificado como "Merced Baños" debido a que en sus comienzos en este lugar había instalaciones de W.C. y regaderas al servicio de los comerciantes de la zona que formaban parte del complejo de comercio popular de la Merced. El mercado Sonora toma su nombre por la cercanía que guardaba con el cine "Sonora" (hoy extinto y convertido en tienda de autoservicio), desde entonces es denominado oficialmente mercado Merced Sonora, pero no fue hasta 1974 cuando este centro de comercio popular tomó su estructura actual, después de tantos anexos y adaptaciones.

El mercado de Sonora tiene un área de más de 10 mil metros cuadrados.

En sus pasillos podemos encontrar artículos de cerámica, artesanales, decorativos, esotéricos, herbolarios, así como juguetes, alebrijes, artículos de temporada y para cualquier evento social (bodas, cumpleaños, etc.), venta de animales exóticos y accesorios para mascotas, imágenes de santos, artículos para limpias, como para quitar salaciones, pócimas infalibles para atraer el amor, dinero y todo lo que se desee, también hay hierbas y plantas medicinales para curar cualquier mal.

En la actualidad este mercado es uno de los más emblemáticos de la Ciudad de México, siendo conocido incluso a nivel internacional. Como ya se ha hecho costumbre, cada 23 de septiembre se celebra el cumpleaños del mercado y el administrador en turno y en general los locatarios le organizan una buena fiesta.

En ese día especial, los locatarios se ponen "guapos" con la clientela e invitan a quedarse y echarse un "taco" o un buen "pozolito", pero esto no queda ahí, pues también se hacen descuentos especiales por este día, acto seguido se da rienda suelta a la fiesta, donde amenizan varias agrupaciones musicales, tanto dentro como fuera del mercado.

Cómo llegar::

Av. Fray Servando Teresa de Mier 419, Venustiano Carranza, Merced Balbuena, 15800 Ciudad de México, D.F.